Muéstrame tu cuello y deja que mis colmillos rompan
la piel que impide que tu sangre sea para mí,
tu vida será eterna.
Morirás cada mañana y renacerás al anochecer.

domingo, 16 de octubre de 2011

... AMANTE OSCURO ...

Un aroma muy extraño flotaba en el ambiente.
Algo exuberante y picante...
Se encaminó hacia la puerta del patio
y olfateó un par de veces.
Al inhalar, sintió que se aliviaba la tensión de sus hombros.
Y luego vio que Boo se había sentado agazapado y ronroneaba como si estuviera dándole la bienvenida a alguien conocido.
¿ Qué diab... ?
El hombre que había visto en sus sueños estaba al otro lado del patio.
Beth dio un salto atrás y dejó caer la toalla húmeda;
escuchó débilmente el sonido sordo cuando llegó al suelo.
La puerta se deslizó hacia atrás, quedando abierta por completo, a pesar de que ella la había bloqueado.
Y aquel maravilloso olor se hizo más evidente cuando él entró en su casa.
Sintió pánico, pero descubrió que no podía moverse.
Por todos los santos, aquel desconocido era colosal.
Si su apartamento era pequeño, en su presencia pareció reducirlo al tamaño de una caja de zapatos. Y el traje de cuero negro contribuía a hacerlo más grande. Devía medir por lo menos dos metros.
Un minuto...
¿ Que estaba haciendo ? ¿ Tómandole las medidas para hacerle un traje ?
Tendría que estar saliendo a toda prisa.
Devería estar tratando de llegar a la otra puerta, corriendo como alma que lleva el diablo.
Pero estaba como hipnotizada mirándolo.
Llevaba puesta una cazadora a pesar del calor, y sus largas piernas también estaban cubiertas de cuero. Usaba pesadas botas con puntera de acero, y se movia como un depredador.
Beth estiró el cuello para verle la cara.
Tenía la mandíbula prominente y fuerte, labios gruesos, pómulos marcados. El cabello lacio y negro, le caía hasta los hombros desde un mechón en forma de uve en la frente, y en su rostro se apreciaba la sombra de una incipiente barba oscura. Las gafas de sol negras que usaba, curbadas en los extremos, se ajustaban perfectamente a su rostro y le conferían un aspecto de asesino a sueldo.
Como si la apariencia amenazadora no fuera suficiente para hacerle parecer un asesino.
Fumaba un cigarro fino y rojizo, al que dio una larga calada haciendo brillar el extremo con un resplandor anaranjado.
Exhaló una nube de ese humo fragante , y cuando éste llegó a la nariz de Beth, su cuerpo se relajó todavía más.
Pensó que seguramente venía a matarla. No sabía qué habia hecho para merecer aquel ataque, pero cuando él exhaló otra bocanada de aquel extraño cigarro, apenas pudo recordar dónde estaba.
Su cuerpo se sacudía mientras él acortaba la distancia entre ambos. Le aterrorizaba lo que sucedería cuando estuviera junto a ella, pero notó, absurdamente, que Boo ronroneaba y se frotaba contra los tobillos del extraño. Aquel gato era un traidor. Si por algún milagro sobrevivía a aquella noche, lo degradaría a comer vísceras.
Beth echó el cuello hacia atrás cuando sus ojos se encontraron con la feroz mirada del hombre.
No podía ver el color de sus ojos a través de las gafas, pero su mirada fija quemaba...

Química, pensó aturdida. Química pura, cruda, animal.
Cualquier cosa que él tuviera, ella lo quería.
- Pensé que podíamos intentarlo de nuevo - dijo él.
Su voz era grave, un profundo retumbar en su sólido pecho. Tenía un ligero acento, pero no pudo identificarlo.
- ¿Quién es usted? - dijo en un susurro.
- He venido a buscarte.
El vértigo la obligó a apoyarse en la pared.
- ¿A mí? ¿Adónde...? - La confusión la obligó a callar-.
¿A dónde me lleva?
¿Al puente? ¿Para arrojar su cuerpo al río?
La mano de Wrath se aproximó a la cara de ella, y le tomó el mechón entre el índice y el pulgar, haciéndole girar la cabeza hacia un lado.
- ¿Me matará rápido? - masculló ella -. ¿O lentamente?
- Matar no. Proteger.
Cuando él bajó la cabeza, ella trató de concienciarse de que debía reaccionar y luchar contra aquel hombre a pesar de sus palabras. Necesitaba poner en funcionamiento sus brazos y sus piernas.
El problema era que, en realidad, no deseaba empujarlo lejos de sí. Inspiró profundamente.
Santo Dios, olía estupendamente. A sudor fresco y limpio. Un almizcle oscuro y masculino. Aquel humo...
Los labios de él tocaron su cuello. Le dio la sensación de que la olisqueaba. El cuero de su cazadora crujió al llenarse de aire sus pulmones y expandirse su pecho...
- Estás casi lista - dijo quedamente - No tenemos mucho tiempo.
Si se refería a que tenían que desnudarse, ella estaba completamente de acuerdo con el plan. Por Dios, aquello debía de ser a lo que la gente se refería cuando se ponía poética con el sexo.


( ESTE ES UN PEQUEÑO TROZO DE UNO DE MIS LIBROS FAVORITOS. LO RECOMIENDO A TODOS AQUELLOS QUE BUSQUEN ALGO DIFERENTE, ALGO MAS SERIO Y EXCITANTE... )